La persecución y masacre de chivos emisarios ha asumido a menudo tales proporciones epidémicas tanto en la historia antigua como en la reciente, que uno se siente tentado a llamarla enfermedad psicosocial con una tasa de mortandad potencialmente alta. Esta enfermedad merece atención aún cuando se manifieste en forma abortada y relativamente inofensiva.
En este trabajo trataremos de considerar brevemente, en la primera parte, algunos aspectos de las implicaciones psicológicas y sociológicas del fenómeno del chivo emisario. En la segunda parte describiremos la observación de este fenómeno en un grupo terapéutico.
La psicogénesis de la necesidad de chivos emisarios.
El término de chivo emisario deriva de una ceremonia religiosa destinada a transferir las culpas del pueblo judío a un animal, en este caso a un chivo. Otros cultos religiosos también tienen prácticas similares. A menudo un ser humano era escogido como receptor de la culpa desplazada.
También los antropólogos han descrito costumbres supersticiosas que tenían el mismo propósito. La esencia de todos estos procedimientos era transferir la culpa por medio de un rito mágico.
Estos actos siempre han estado asociados con actitudes agresivas y sumamente punitivas. En algunas ceremonias con chivos expiatorios que terminaban con la muerte sacrificial de la víctima escogida, esta agresividad se manifestaba claramente. Es posible que la notoriedad de estas ceremonias homicidas tienden a distorsionar el sentido del término chivo emisario.
Al menos el término se aplica hoy en día de una manera no demasiado literal, para denotar simplemente el supliciado de sentimientos agresivos, para descargar en él lo que no puede hacerse abiertamente contra el verdadero blanco de estos sentimientos. Un chivo emisario en este sentido trunco, es el receptáculo de la agresión desplazada. Es más cercano definir al chivo emisario como la persona a quien se hace sufrir la carga de la culpa desplazada.
La necesidad de chivos víctimas parece surgir en especial en individuos predispuestos por una inclinación a adoptar actitudes punitivas hacia otros y que se sienten perturbados por una sensación de culpa y disgusto consigo mismos, que ellos mismos desconocen.
Los sentimientos de culpa por sí mismos no son suficientes para causar deseo de encontrar un chivo emisario. Pueden ser resueltos de otras formas; por ejemplo, con actos expiatorios de reparación y arrepentimiento, con un aumento del esfuerzo para sobreponerse al fracaso y a la incapacidad y resignándose a disminuir las aspiraciones y así mantener las metas alcanzables.
Sin embargo cuando se combinan los sentimientos de culpa con propensión hacia el castigo, el individuo preferirá, proyectar la culpa en vez de enfrentarse a un proceso más doloroso de búsqueda de la razón de su malestar.
Los sentimientos de culpa que pueden despertar la necesidad de chivos emisarios en individuos propensos a ello pueden no ser conscientes.
Investigaciones psicoanalíticas nos han demostrado los dañinos efectos que pueden surgir de la caja de Pandora de la culpa inconsciente. La necesidad de chivos emisarios puede ser uno de ellos.
La víctima escogida para el papel de chivo emisario puede ser una persona inocente quien, por desgracia, se convierte en el blanco de sentimientos paranoides o el objeto de vilipendio político deliberado, puede ser un criminal cuya culpa ha sido públicamente reconocida. Pero hay también una importante clase de víctimas quienes son culpables por haberse dejado manipular por otros a hacer el mal. Podríamos llamarlos chivos emisarios maquinados, por darles un nombre.
Se les hace actuar como sustitutos de quienes no se atreven a asumir el papel de pecadores. Maquinaciones inconscientes de este tipo de parte de algunos padres pueden ser la causa de carreras delincuentes y criminales como fue sugerido por Ruth S. Eissler.
El chivo emisario ya sea realmente culpable o inocente, tanto parcial como totalmente, puede ser castigado con una severidad feroz, la cual sólo corresponde a la magnitud de la culpa proyectada.
Pero la presencia o ausencia del fenómeno del chivo emisario no debe ser juzgada por el grado de insistencia manifestado en la persecución de la víctima.
Actividades relativamente inofensivas caen en esta misma categoría. La actividad más común similar al fenómeno del chivo emisario es tal vez el pasatiempo popular de murmurar sobre las fallas reales o imaginarias de los superiores en la escala social. La víctimas de ello sólo sufrirán la injusticia de ser juzgados estando ellos ausentes, aunque esto puede ser más grave en algunas ocasiones. El chivo emisario puede aparecer también en una forma en que se advierte inocencia de la víctima. Estos chivos emisarios son vistos como mártires quienes libres de culpa aceptan el castigo por esa culpa. Esto ha alcanzado una expresión sublime en la veneración de Jesús como redentor de las culpas de a humanidad.
El gusto por la cacería de chivos emisarios reside no sólo en el alivio auto- engañosos de pasar la culpa a otras espaldas; ofrece también otros atractivos. La indignación con que se condena la culpa del chivo emisario despierta sentimientos narcisísticos de rectitud y superioridad moral.
El yo, actuando en cercana alianza con el superyo, tiene una oportunidad de ventilar agresiones sin culpa. Es más, bajo el disfraz de la denuncia del pecado, el individuo puede actuar como vouyer, probar con ansiedad escoptofílica la depravación y con inquietante aversión agregarle belleza en su fantasía.
La persecución de chivos emisarios no sólo libera a la persona predispuesta de una sensación opresiva de disgusto consigo mismo, sino que también le proporciona gratificación narcisística y escoptofílica y oportunidades de descarga adecuada de agresividad y el saboreo vicario de la fruta prohibida.
Variaciones individuales en la necesidad de los chivos emisarios.
La facilidad con la cual los individuos recurren a la persecución de chivos emisarios puede pensarse que varía de acuerdo a sus tendencias extrapunitivas y el grado de insatisfacción desconocida por ellos. Muestras de esta variabilidad se ven en estudios recientes de actitudes sociales, como los llevados acabo por Adorno, Frenkel Bruns Wick, Levinson y Sanford en EEUU y por Eysenck en Inglaterra.
El grupo norteamericano se preocupó particularmente por definir la personalidad con tendencia a la formación de chivos emisarios, la personalidad autoritaria, racista, caracterizada por prejuicios sociales contra los miembros de otros grupos, por hostilidad hacia las minorías morales (criminales, pervertidos) y desdén o disgusto por las masas.
Partiendo de esta investigación se puede decir que las actitudes sociales de la gente pueden calcificarse de acuerdo a un continuoum “Etnocéntrico- Liberal” con tendencias de acoso hacia los chivos emisarios, agrupadas alrededor del polo etnocéntrico.
Los estudios de Eysenck de actitudes sociales parecen complementar los descubrimientos norteamericanos. Analizando los factores, obtuvo dos factores generales para caracterizar las actitudes sociales. A uno lo llamó “Conservadurismo- Radicalismo” y está relacionado al factor Etnocéntrico- Liberal de los americanos, aunque se relaciona de manera menos exclusiva con las tendencias de acoso al chivo expiatorio en el polo conservador.
Al segundo factor lo llamó “Dureza- Ternura”, distingue actitudes sociales conciliadoras y tolerantes de otras que expresan hostilidad hacia otros grupos étnicos y aboga por la extinción de la vida por eutanasia, abortos o esterilización obligatoria.
Los resultados de estas investigaciones arrojan luz sobre la distribución de las propensiones de acoso al chivo emisario en grupos grandes. Los estudios americanos se concentran demasiado sobre las características de los individuos etnocéntricos, sus reacciones fascistas, anti- semíticas y de persecución de los negros.
Las conclusiones de Eysenck sugieren que las tendencias a encontrar chivos emisarios se asocian hacia el factor dureza y que las formas de los fenómenos de chivos emisarios puede diferir de acuerdo a las actitudes conservadora o radical de la gente de mentalidad dura.
Debe hacerse notar, sin embargo, que estos estudios se llevaron a cabo en comunidades democráticas y se refieren a los problemas políticos y socioeconómicos de estos países. Queda la pregunta de si esta investigación se hubiera llevado a cabo en una sociedad muy diferente, habría dado los mismos resultados. Nos parece que así debe ser, siempre y cuando los test e aptitudes a aplicar tuvieran una relación comparable a la ideología y problemas del grupo que se investiga.
De acuerdo a esto se espera que los miembros de cualquier grupo establecido difieran en su grado de lealtad en cuanto a los ideales y tradiciones del propio grupo, de modo que también ellos se distribuirán a lo largo del continuoum Conservador- Radical. Algunos miembros se parecerán a los sujetos de Eysenck quienes creían en la excelencia de la máxima “Con mi país, para bien o para mal”; defenderán y conservarán un concepto de grupo estereotipado al cual idealizan e idolatran. Las actitudes de los otros se inclinarán contra la tiranía de las condiciones de rutina y las creencias tradicionales.
Así podemos concluir que en cada grupo social encontraremos grados variables de lealtad de los ideales del grupo. Igualmente, la Dureza o Suavidad se encontrarán en grados puesto que la gente necesariamente difiere en cuanto el espíritu agresivo y extra- punitivo de sus opiniones sociales. Estos factores tienen validez solamente refiriéndose a los grupos examinados. Una persona perteneciente a dos grupos de diferentes valores diferirá con los dos.

